La
noche cerrada era tan sombría, que solo podía guiar su caminar por la tenue luz
que arrojaban las farolas, la calidez del viento acariciaba su rostro,
contrastando con la lluvia fría descendiendo por su cuerpo.
Se
detuvo cuando advirtió todos los semáforos ponerse en rojo; y la luz de las
farolas parpadear, parecían puestos de acuerdo para que pudiera observar a los
autos pasar; y entre sus luces, captar el momento en el que la lluvia besaba
con sutileza el suelo.
La
musicalidad de las calles, de la lluvia y del viento, todo en sincronía lo
estaban guiando hacía sus recuerdos. Caminó pensativo bajo la lluvia, sin darse
cuenta fue a pararse delante de una cafetería que le resultaba familiar, de
otros tiempos, más retro.
Observó
el interior, en una de las mesas se vio con ella, no recordaba su nombre, su
rostro o su voz, pero sabía que era ella, lleva un broche atando sus cabellos, negro,
discreto, en momentos, un pequeño destello lo hacía voltear a verlo, era mágico.
En
un instante se vio a su lado, la vio sonreír, la escuchó hablar, pronunciar un
verbo, una seducción, un beso. Era consciente que ella suspendía su
mundo.
Ahora
tenía rostro y tenía nombre, tenía batallas por descubrir y desiertos por
explorar, todos los tiempos estaban en su mirada llena de luz y sonido.
Antes
de partir, se inclinó hacía él y exploró profundamente su boca húmeda,
atemporal, absorbiéndolo totalmente, hasta llenarse de sus letras.
Frente
a la puerta, soltó el broche que retenía sus cabellos, cayeron miles de
palabras que como gotas de lluvia besaron el suelo, luego se elevaron; y con el
viento empezaron una danza infinita de verbos.
Él
se observó desde afuera, se vio de pie al lado de la mesa, atento, grabando en
su mente cientos de veces el instante en el que la volvió viento, la volvió
poesía, la volvió memoria eterna palpitando en miles y millones de recuerdos
Pudo
observar en el horizonte, cuando ella dejó escrito con tinta indeleble.
''El Caballero del
Recuerdo, soplando en el viento de la poesía''


