Poema de amor con una línea de Hemingway (A Farewell to Arms, 7)

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09/08/22

El Caballero del Recuerdo


Eterno es el ayer 
que no ha pasado ni fue 
y que no hace más que volver 
a cada recuerdo siempre nuevo otra vez...
Carlos Perroti

El Caballero del Recuerdo

La noche cerrada era tan sombría, que solo podía guiar su caminar por la tenue luz que arrojaban las farolas, la calidez del viento acariciaba su rostro, contrastando con la lluvia fría descendiendo por su cuerpo.  

Se detuvo cuando advirtió todos los semáforos ponerse en rojo; y la luz de las farolas parpadear, parecían puestos de acuerdo para que pudiera observar a los autos pasar; y entre sus luces, captar el momento en el que la lluvia besaba con sutileza el suelo.  

La musicalidad de las calles, de la lluvia y del viento, todo en sincronía lo estaban guiando hacía sus recuerdos. Caminó pensativo bajo la lluvia, sin darse cuenta fue a pararse delante de una cafetería que le resultaba familiar, de otros tiempos, más retro.  

Observó el interior, en una de las mesas se vio con ella, no recordaba su nombre, su rostro o su voz, pero sabía que era ella, lleva un broche atando sus cabellos, negro, discreto, en momentos, un pequeño destello lo hacía voltear a verlo, era mágico.  

En un instante se vio a su lado, la vio sonreír, la escuchó hablar, pronunciar un verbo, una seducción, un beso. Era consciente que ella suspendía su mundo.  

Ahora tenía rostro y tenía nombre, tenía batallas por descubrir y desiertos por explorar, todos los tiempos estaban en su mirada llena de luz y sonido.  

Antes de partir, se inclinó hacía él y exploró profundamente su boca húmeda, atemporal, absorbiéndolo totalmente, hasta llenarse de sus letras.  

Frente a la puerta, soltó el broche que retenía sus cabellos, cayeron miles de palabras que como gotas de lluvia besaron el suelo, luego se elevaron; y con el viento empezaron una danza infinita de verbos.  

Él se observó desde afuera, se vio de pie al lado de la mesa, atento, grabando en su mente cientos de veces el instante en el que la volvió viento, la volvió poesía, la volvió memoria eterna palpitando en miles y millones de recuerdos

Pudo observar en el horizonte, cuando ella dejó escrito con tinta indeleble. 

''El Caballero del Recuerdo, soplando en el viento de la poesía''


05/08/22

El ayer con toda su trascendencia


La primera vez que asistí al circo fue siendo adulta, en un ayer inevitable. 

No preguntó si estaba de acuerdo, si estaría o no ocupada, si el circo era lo que yo deseaba, solo esperó que levantara el auricular y me dio instrucciones, que por extraño que parezca seguí al pie de la letra. 

A las quince horas estaba puntual tocando a la puerta, abrí y lo primero que dijo — Tenemos tiempo — ¿Tiempo para qué?, ¡Soy puntual!. 

El recorrido fue de aproximado a una hora por pasajes que aun siendo de la ciudad, no conocía, al llegar, me di cuenta casi de inmediato de su dinámica. Tenía funciones todo el día, con margen de tiempo entre una y otra de media hora. 

Observé atenta lo que ocurría a mi alrededor, era un circo peculiar, ambientado en distintos pasajes, como una línea del tiempo, pero era quizás por la vestimenta de los participantes. 

Por un lado, lo esotérico, bolas de cristal, mujeres con indumentaria extraña, un oso sentado y los clientes de la anterior función esperando turno para tomarse la foto.

Trapecistas de cuerpos esculturales también tenían su lugar y posaban con rostros serios para la foto, nada decían de los jalones y arrimones que les llovían no solo de mujeres, también de hombres. 

Magos y payasos compartían un lugar en el centro. 

La voz que siempre se escucha y no se ve también hacía acto de presencia, todo fuera de la carpa parecía surreal, como sacado de un cuento antiguo. 

Minutos antes de las dieciséis horas, todo empezó a descontrolarse, pero de una forma armoniosa, con prisa, pero manteniendo sus movimientos lentos, como si el tiempo fuera benévolo. En fracción de minutos todo estaba despejado, solo la línea a seguir para entrar al interior y ver el espectáculo. 

Así sucedió en la función, era como una brecha en el tiempo que hacía pasar los minutos a vuelta de rueda, hasta el momento en que la pareja de trapecistas hizo acto de presencia, la caída de ella fue inminente y mi deseo de no volver a pisar un circo, fue/es radical.

21/07/22

Porque al perder, también se gana


Siempre me he cuestionado por qué me decanté por el lado sumiso si mi mente, todo el tiempo parece estar enfadada conmigo y por qué admití la posibilidad de un Dominante a mi lado. 

La única razón por la que acepté salir con él y conocerlo, después de meses de mensajes emotivos que terminaban en inquietante silencio y ausencia, que yo misma provocaba, era porque quería comprobar por mí misma que ese hombre no era para mí, el auto boicot es normal en mi currículum. 

Me presenté sin ningún plan, pero conociéndome, sabía que lo pondría a prueba, que buscaría sin buscar sus puntos débiles y haría buen uso de ellos, por supuesto a mi favor. 

El hombre que estaba de espalda se dio vuelta (acaso tenía un radar incrustado) y me confirmó lo que ya sospechaba (no era para mí), tenía una mirada divertida enfundada en ojos castaños, cabello oscuro, sonrisa amplia. 

Se acercó, me tendió la mano inclinándose ligeramente hacía mí, evidentemente era muy alto, (o yo muy pequeña), un apretón de manos suave pero firme selló el momento, me detuve unos instantes a observarlas, manos bonitas y fuertes, diseñadas para un azote o una caricia, sacudí de tajo los pensamientos. 

Caminamos hacia el reservado, espere impaciente el bombardeo de preguntas habituales, no sucedió, al contrario, empezó a hablar con camaradería, incluyéndome y creando una conversación distendida. 

Esta situación para nada estaba en mi zona de confort e inmediatamente retomé tratando de estructurar un plan, debía meterle el pie, hacerle zancadilla, tratar de derribarlo, de arrinconarlo, presionarlo y todo esto, sin que se diera cuenta. 

Fue extraño porque cada pensamiento que empezaba a tomar forma él lo detectaba y lo hacía papilla, sin inmutarse, sin mostrar una gota de sudor, me fue derribando poco a poco, suavemente. Era abrumador, me sentía tonta e ilusionada. 

Cuando me di cuenta, se despidió con un beso en la mejilla, en el primer semáforo tomé el móvil, a punto de enviarle un mensaje cuando me llegó el suyo. ''Avísame cuando llegues, así me quedaré más tranquilo, otra cosa, mañana a las cinco''.